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Roma

CIUDAD ETERNA

  Me considero un incondicional de la hermosa ciudad de Roma.La he visitado repetidas veces y por diversos motivos, solo, acompañado, por trabajo o bien por mi motivo preferido, por placer, en diferentes épocas, con frío o con calor, pero siempre me ha fascinado y siempre he sentido una tristeza inexplicable cuando tengo que dejarla. A mi partida siempre prometo volver lo antes posible.Suelo moverme por aquellos rincones ocultos y poco concurridos por donde no se mueven demasiado los turistas y allí es donde descubro la verdadera esencia de la ciudad.Claro que esta intención muchas veces se convierte en una misión imposible.Para contaros mi particular visión de la Ciudad Eterna, me remontaré a un viaje que realice las Navidades de 2004 con mi pareja de entonces Montse.Aquellas vacaciones decidimos perdernos en aquella fascinante ciudad ,y yo como conocedor de la misma, me auto elegí en guía turístico.En esa ocasión nos alojamos en el Hotel Fontana de Trevi, un pequeño y discreto pero coquetón hotelito y que como su nombre indica esta situado en un estrecho callejón que desemboca en la plaza de la famosa Fontana.Esa increíble y conocida Fuente monumental ha sido escenario de muchas películas y protagonista indiscutible del baño de la voluptuosa Anita Ekberg en la película La Dolce Vita del siempre grande Federico Fellini.Tomábamos todas las mañanas el desayuno en la pequeña terraza situada en la azotea del mini hotel con vista a los abigarrados tejados que cubren el paisaje romano.La verdad sencillo pero con encanto, aunque para nada lujoso.Justo enfrente de la Fontana de Trevi, existe una pequeña cafetería que preparan un excelente capuccino y con un personal amable y simpático, solíamos sentarnos en la terraza de ese bar para contemplar el incesante pulular de todo tipo de personajes que se acercan hasta la maravillosa fuente a contemplarla o a pedirle algún deseo.Después solíamos con calma patearnos toda la ciudad, nos dirigíamos hacia la Piazza Venecia y desde allí a través del foro romano nos acercábamos hasta el Coliseo.Ese año en concreto fue un año difícil de olvidar sobre todo por los graves acontecimientos que ocurrieron en el mundo mientras nosotros disfrutábamos de la calidez y placidez de la Ciudad Eterna.Al segundo día de nuestra llegada a Roma y mientras descansábamos de nuestra reparadora siesta diaria y después del cansancio que nos produjo una larguísima y agotadora caminata hasta las termas de Caracalla y la Vía Apia hasta las catacumbas, nos sobresalto la terrible noticia del devastador Tsunami en el Sur Oeste Asiático.Me afecto especialmente la muerte de esos miles de seres humanos y a mi memoria vino los días pasados bastantes años atrás en aquellas lejanas tierras de Tailandia e Indonesia.

Pero aun así o quizás para intentar evadirnos de tan dura realidad nos obligamos a vivir intensamente cada uno de los minutos que permaneciéramos en aquella maravillosa ciudad.

En este viaje debido a que mi compañera Montse acababa de leer el libro de Dan Brown, Ángeles y Demonios, me sugirió y me pareció muy buena idea seguir la ruta en el que el autor hace girar la trama y para ello contábamos con un mapa que se incluía en aquella edición del famoso libro.

Como otras veces la idea de mi estimada y loca compañera de viaje, fue un total éxito, así es que nos propusimos en los pocos días de que disponíamos descubrir los lugares enigmáticos marcados en el mapa.

Iniciamos tan intrigante ruta con una visita al para mi el mas intrigante de todos los monumentos de Roma, El Panteón, este misterioso lugar es un icono de la antigua Roma, rara vez es la ocasión, en que  estando en esta ciudad  no me pase como mínimo una vez al día por su interior, su exterior es casi imposible evitarlo, pues debido a su estratégica situación en pleno corazón de Roma es ruta obligada para ir a cualquiera de los sitios emblemáticos del centro Romano.

 

 

             Ramón Feixa